domingo, 15 de mayo de 2011

Los 'gobernantes'

Embusteros, mentirosos, egoístas y ladrones.

Vosotros que habláis de desempleo y cobrais a millones. Vosotros que salváis la pobreza y coméis en platos de oro. Vosotros que luchais contra la desigualdad y miráis por encima del hombro.

Todos vosotros, ¡puaj!

Si tú...

Si me miras te sonrío
y le doy un beso al viento.
Si me escuchas te hablo
y hablo y hablo.
Si me ignoras te hablo
y hablo, y hablo otra vez.
Y si me dices que me quieres te cuelgo
con un 'yo más' antes.

sábado, 5 de febrero de 2011

EL ÚLTIMO TREN

En honor a los fallecidos y heridos en el accidente de trenes de Alemania.

"El humo tapaba todo y apenas se veía nada, todo estaba oscuro. Sabía perfectamente qué pasaba, sabía que esa no era yo, ya no sentía ni respiraba, sólo miraba desde lejos, muy lejos. Vi cómo te llevaban a toda prisa y te subían a aquella furgoneta blanca. Ahora recuerdo todo, así que empezaré desde el principio.

Calcetines, pintalabios y una tostada en mano, salí corriendo de casa, pensaba que el tren se iría sin mí. Por suerte no vivo lejos de la estación, unas calles más abajo, y en diez minutos ya tenía la maleta bajo las piernas y el culo apoyado en un asiento de segunda. Parecía un viaje tranquilo, y en unas horas estaría en Halberstadt durmiendo en un hostal de mala muerte, preparando la entrevista de la mañana siguiente. Un plan de lo más apetecible para terminar el fin de semana. Intenté dormir, pero el traca-traca del tren no me dejaba. Cogí el libro que me recomendó Klaus, y lo ojeé. Digo ojeé porque apenas pasaron cinco segundos hasta que mi mirada se cruzó con la tuya. 'Bonitos ojos', pensé, pero el sueño se hizo dueño de mi y pronto caí rendida unos cinco minutos, tampoco más. Me despertaron las sonoras carcajadas que salían de tu boca mientras tonteabas con la rubia de ojos saltones. Te volví a mirar. Decidí hacer acto de presencia en alguna conversación, pero mis escasos minutos de sueño habían sido traicioneros, y me hicieron no entender una sola palabra que se escuchase en el vagón. Retomé el libro, pero entre tanta charla y esos ojos que me miraban de refilón era imposible leer más de dos palabras seguidas.
De repente el corazón te empieza a latir más deprisa, aparece un cosquilleo de arriba a abajo de tu cuerpo que no puedes frenar, e instintivamente intentas poner tu mejor pose y aparentar no darte cuenta cuando ves que deja de acariciar la cuidada mano de la chica rubia de ojos saltones, cruza el vagón, en mi caso, y paso a paso viene hacia ti. Es esa sensación que te hace sudar las manos la que sentí en ese instante. No me desviaré más. Lo que realmente llamó tu atención fue mi torpeza a la hora de sujetar un libro y mirarte mientras flirteabas, nada sano. Arrancar la hoja del libro no fue una buena idea. Miraste y sonreíste, soltaste esa fina y cuidada mano y viniste hacia mi, mientras yo me arreglaba lo máximo posible sin parecer mover un pelo. Me hice la sorprendida cuando me preguntaste si me ocurría algo, y me sorprendí de verdad cuando te sentaste a dos asientos del mío y miraste hacia atrás. La conversación fue la charla más interesante que se pueda tener en un tren, y esos ojos... Creo que me enamoré. Te acercaste, e hiciste de mi mente un folio en blanco y de mi corazón un latir continuo, y sonreíste.

Poco más recuerdo. Recuerdo cómo me sacaban cuatro brazos cogiéndome de lo que quedaba de mi. También recuerdo las sirenas, y esas luces rojas y azules que no paraban de girar y sonar, pero ya no recuerdo nada más. Aquí arriba ya estamos 10, y cada vez somos más, pero estate tranquilo, que no hay sitio para ti".

miércoles, 26 de enero de 2011

LA SOLEDAD

No hace mucho que sé que es una de las cosas que más temo. Siempre había creído que la soledad era algo necesario, algo íntimo. Siempre. Hasta un día de estos, en los que la niebla no dejaba ver apenas dos o tres metros más allá de tus pies. No cabe creer en la soledad, si antes no se ha experimentado qué es estar rodeado de personas a las que quieres y viceversa, y eso es la peor tortura jamás habida: tener algo y perderlo.

No hablo de una soledad deseada. Deseamos momentos, instantes que sean nuestros, pero no la soledad. La soledad no está hecha para formar parte de nosotros, de nuestra vida, porque simplemente dependemos de todo aquello que nos rodea. Dependemos de un susurro, de un abrazo, de una sonrisa.

Pensé qué sería del mundo sin poder ver nada ni nadie con quien reconocerte, con quien recordar momentos, con quien reír o llorar. Día tras día, ver la gente pasar, y no poder decir nada, ni un hola, ni un adiós. Imaginé qué sería de la vida sin las personas que me rodeaban. Comencé por aquella que ocupa mayor lugar en mi corazón, aquella que me agarra la mano al pasear, aquella que me hace olvidar todo lo demás. Un escalofrío recorrió cada parte de mi cuerpo, desde los pies hasta el último pelo de la cabeza; sentí cómo se me encogía el corazón. Seguí imaginando, más adelante, una vida sin amigos, esos amigos que se cuentan con los dedos de una mano, a los que acudir cuando más se necesita; recordé las infinitas mañanas, tardes y noches que pasamos juntos, y sentí cómo se me encogía el corazón.. No imaginaba una vida sin familia, y fíjese usted si es difícil cuando en estos años, una lo que más desea es sembrar nuevas raíces en otra parte, separarse de la familia. Aún así, esa sensación sí que era nueva, la familia es algo con lo que cuentas desde tu primer aliento, algo que nada te va a arrebatar. Sentí cómo se me encogía el corazón.


Y, ¿qué hay de los demás? A tu alrededor, gente salta, baila, corre, juega, sueña; por un segundo, alguien se detiene para fijarse en aquella pobre persona sola ante el mundo, sin nadie con quien saltar, bailar, correr, jugar o soñar, y siente lástima, nada más que lástima. Y, ¿de ti? ¿Qué hay de ti? Mirar hacia delante, y tan sólo mirar, no poder formar parte de la vida... El primer sentimiento que aparece en mi mente es envidia. Envidia por los demás, que tienen lo que yo una vez tuve y perdí.


Tan sólo pesar en todo esto me aterra. Por ello cada emoción debe ser única y verdadera; cada lágrima y sonrisa, un significado concreto. El mero hecho de pensar que se irán, mata por dentro. Mata por dentro pensar en una última caricia, un último beso, un último adiós.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Pensar

Y pensar que del sentimiento pasado sólo queda el recuerdo.
Y pensar que cada sueño permanece.
Y pensar en cada segundo como en años.
Y cada año, sueño y sentimiento como únicos.

Y pensar que todo se difumina con en tiempo.
Y pensar en lo nuevo como bueno.
Y pensar en cada aliento como el primero.
Y que cada pensar... tan sólo es imaginar.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Lo más bello de vivir

Mariposas que revolotean a tu alrededor.
Ráfagas de viento.
Una gota de agua en la frente.
Un simple te adoro.

Pájaros cantando.
El crujir de la nieve bajo mis pies.
Dulce sabor a chocolate.
Un simple te amo.

El susurro de las montañas.
Un latido en el corazón.
Sentir tu piel junto a mi.
Un simple te quiero.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Sin temer nada, ni olvido, ni rechazo, ni miedo, nada. No me di cuenta en el primer momento mas ahora es cuando me aferro a ti y no te suelto. Inseguridades, complejos; fuera. Me lo das todo, y no pides nada. Es en este día cuando sé que te quiero.