sábado, 5 de febrero de 2011

EL ÚLTIMO TREN

En honor a los fallecidos y heridos en el accidente de trenes de Alemania.

"El humo tapaba todo y apenas se veía nada, todo estaba oscuro. Sabía perfectamente qué pasaba, sabía que esa no era yo, ya no sentía ni respiraba, sólo miraba desde lejos, muy lejos. Vi cómo te llevaban a toda prisa y te subían a aquella furgoneta blanca. Ahora recuerdo todo, así que empezaré desde el principio.

Calcetines, pintalabios y una tostada en mano, salí corriendo de casa, pensaba que el tren se iría sin mí. Por suerte no vivo lejos de la estación, unas calles más abajo, y en diez minutos ya tenía la maleta bajo las piernas y el culo apoyado en un asiento de segunda. Parecía un viaje tranquilo, y en unas horas estaría en Halberstadt durmiendo en un hostal de mala muerte, preparando la entrevista de la mañana siguiente. Un plan de lo más apetecible para terminar el fin de semana. Intenté dormir, pero el traca-traca del tren no me dejaba. Cogí el libro que me recomendó Klaus, y lo ojeé. Digo ojeé porque apenas pasaron cinco segundos hasta que mi mirada se cruzó con la tuya. 'Bonitos ojos', pensé, pero el sueño se hizo dueño de mi y pronto caí rendida unos cinco minutos, tampoco más. Me despertaron las sonoras carcajadas que salían de tu boca mientras tonteabas con la rubia de ojos saltones. Te volví a mirar. Decidí hacer acto de presencia en alguna conversación, pero mis escasos minutos de sueño habían sido traicioneros, y me hicieron no entender una sola palabra que se escuchase en el vagón. Retomé el libro, pero entre tanta charla y esos ojos que me miraban de refilón era imposible leer más de dos palabras seguidas.
De repente el corazón te empieza a latir más deprisa, aparece un cosquilleo de arriba a abajo de tu cuerpo que no puedes frenar, e instintivamente intentas poner tu mejor pose y aparentar no darte cuenta cuando ves que deja de acariciar la cuidada mano de la chica rubia de ojos saltones, cruza el vagón, en mi caso, y paso a paso viene hacia ti. Es esa sensación que te hace sudar las manos la que sentí en ese instante. No me desviaré más. Lo que realmente llamó tu atención fue mi torpeza a la hora de sujetar un libro y mirarte mientras flirteabas, nada sano. Arrancar la hoja del libro no fue una buena idea. Miraste y sonreíste, soltaste esa fina y cuidada mano y viniste hacia mi, mientras yo me arreglaba lo máximo posible sin parecer mover un pelo. Me hice la sorprendida cuando me preguntaste si me ocurría algo, y me sorprendí de verdad cuando te sentaste a dos asientos del mío y miraste hacia atrás. La conversación fue la charla más interesante que se pueda tener en un tren, y esos ojos... Creo que me enamoré. Te acercaste, e hiciste de mi mente un folio en blanco y de mi corazón un latir continuo, y sonreíste.

Poco más recuerdo. Recuerdo cómo me sacaban cuatro brazos cogiéndome de lo que quedaba de mi. También recuerdo las sirenas, y esas luces rojas y azules que no paraban de girar y sonar, pero ya no recuerdo nada más. Aquí arriba ya estamos 10, y cada vez somos más, pero estate tranquilo, que no hay sitio para ti".